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Boletín Stat Veritas

Pentecostés celebra no sólo el advenimiento del Espíritu Santo, sino también la entrada de la Iglesia en el mundo divino1, porque, como dice San Pablo, «por Cristo tenemos entrada en el Espíritu del Padre».

«Revestida así la Iglesia por la virtud de lo alto», comienza ya en Jerusalén la empresa de evangelización que Jesús le encomendara.  Pedro, cabeza del Apostolado, empieza por hablar a la multitud y, convertido ya en «pescador de hombres», la primera vez que echa las redes da casi tres mil neófitos a la Iglesia naciente.

Pentecostés es la fiesta más grande del año después de Resurrección.  De ahí que tenga vigilia y octava privilegiada.  En ella se leen los Actos de los Apóstoles, porque es la época de la fundación de la Iglesia que en ellos vemos historiada.

Al sacerdote se le ve revestido de ornamentos encarnados, que nos recuerdan las lenguas de fuego y simbolizan el testimonio de la sangre que se habrá de dar al Evangelio, por la virtud del Espíritu Santo.

«Pascua ha sido el comienzo de la gracia.  Pentecostés su coronación».  San Agustín.

Fuente:  MISAL DIARIO Y VISPERAL. DÉCIMATERCIA EDICIÓN. Por Dom Gaspar Lefebvre O.S.B.  De la Abadía de S. Andrés (Brujas Bélgica).  Traducción Castellana y Adaptación.  Del Rdo. P. Germán Prado.  Monje Benedictino de los Silos (España). 1946.  Págs. 708-711.

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1.El que no renazca en el Espíritu Santo no puede entrar en el reino de Dios.

Evangelio de San Juan Capítulo 3

Hoy que celebramos una de las fiestas más grandes, Pentecostés, y que es el aniversario del nacimiento de la Iglesia, inicia la publicación semanal, de manera electrónica, del Boletín Stat Veritas.


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DESCÁRGELO, IMPRÍMALO Y DIFÚNDALO

 «Pero el Hijo del hombre, cuando vuelva, ¿Hallará por ventura la fe sobre la tierra?»  San Lucas 18,8.


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Santa Misa Dominical

DOMINGO

DE 

PENTECOSTÉS

Y fueron todos llenos del Espíritu Santo

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Santa Misa Dominical

DOMINGO DESPUÉS DE LA ASCENSIÓN 

( Doble – Ornamentos blancos )

El día de la Ascensión nos llenábamos de alegría por el triunfo de Cristo, que es también el nuestro; pero hoy su ausencia arroja sobre nosotros un velo de melancolía. Él ha subido a los Cielos, y, aunque es verdad que prometió no dejarnos huérfanos, el Espíritu Consolador no ha venido todavía.

Llena de nostalgia, la Iglesia “eleva su voz hacia Él y busca su rostro” (Introito). Antiguamente le buscaba hasta de una manera sencilla, reuniéndose como lugar de estación en la iglesia de Santa María “ad Mártyres”, en el viejo Panteón de Agripa, donde se guardaba el lienzo de la Verónica. Es una Misa llena de calor, de añoranza y de esperanza. San Pedro nos habla del poder de la caridad (Epñistola), que realiza la unidad de los que creen en Cristo.

El Evangelio nos prepara a recibir el Espíritu Santo, que es el que ha de infundir en nosotros el temple viril de los mártires. La Iglesia ama y padece. En el amor se verá si vive en nosotros el Espíritu de Dios; pero el amor se prueba en las contradicciones y en los sufrimientos.

En la prueba recordemos las palabras de Cristo: “Padre: cuando estaba con ellos, Yo los guardaba; pero Yo vuelvo a Ti. No te ruego que los saques del mundo, sino que los libres del mal” (Comunión).

Introito. s. 26, 7, 8 Y 9

INTROITUS - Exaudi, Domine vocem meam, qua clamavi ad te, alleluia: tibi dixit cor meum, quaesivi vultum tuum, Domine, requiram: ne avertas faciem tuam a me. Sed haec locutus sum Ps. 26. Dominus illuminatio mea, et salus mea: quem timebo? V. Gloria Patri. IntroitoOye, Señor, mi voz que te implora, aleluya: mi corazón te dijo: busqué tu rostro, bus- caré, Señor, buscaré tu rostro; no apartes de mí tu cara, aleluya, aleluya.- Salmo El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? Gloria al Padre, etc

Oración-Colecta del día

ORATIOOmnipotens sempiterne Deus, fac nos tibi semper et devotam gerere voluntatem et majestati tuae sincero corde servire. Per Dominum. R. Amen Oh Dios Omnipotente y Sempiterno, haz que esté siempre nuestra voluntad a la tuya sometida, y que sirvamos a tu Majestad con un corazón sincero. Por Nuestro Señor, etc. R. Amen.

2ª Oración-Colecta (de la Ascensión)

ORATIOConcéde, quǽsumus, omnípotens Deus: ut, qui hodiérna die Unigénitum tuum Redemptórem nostrum ad cælos ascendísse crédimus; ipsi quoque mente in cæléstibus habitémus. Per eúndem Dóminum. R. Amen Rogámoste, suplicantes, oh Dios omnipotente, que a los que creemos que, en este día, subió al cielo tu Unigénito y redentor nuestro, nos concedas la gracia de vivir también con Él espiritualmente en el cielo. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor.R. Amen.

Epístola

Movidos por la caridad, debemos obrar todos con miras al bien común, poniendo en juego las propias facultades y las gracias particulares que hemos recibido de Dios, para que en todo sea Él honrado.

EPISTOLA Lectio Epistolae beati Petri Apostoli (I, 4, – 7-11) Carissimi: Estote prudentes, et vigilate in orationibus. Ante omnis autem, mutuam in vobismetipsis caritatem continuam habentes quia caritas operit multitudinem peccatorum. Hospitales invicem sine murmuratione: unusquisque, sicut accepit gratiam in alterutrum illam administrantes sicut boni dispensatores multiformis gratiae Dei: si quis loquitur, quasi sermones Dei: si quis ministrat, tamquam ex virtute, quam administrat Deus: ut in omnibus honorificetur Deus per Jesum Christum Dominum nostrum. Lección de la Epístola del Apóstol S. Pedro (4,7-11) - Carísimos: Sed prudentes, y velad orando. Pero ante todo, amaos siempre unos a otros; porque la caridad cubre muchedumbre de pecados. Practicad la hospitalidad unos con otros, sin murmuración. Cada cual, según la gracia que recibió, comuníquela a los demás, como buenos dispensadores de la gracia de Dios, que es de múltiples formas. Si alguno habla hágalo de modo que parezca que habla Dios por su boca;. quien ejerce algún ministerio, sea conforme a la virtud que Dios da: para que en todo sea Dios glorificado(1), por Jesucristo, Nuestro Señor.

Salmodia

Allelúja, allelúja. V. (Ps. 46) - Regnavit Dominus super omnes gentes: Deus sedet super sedem sanctam tuam. Alleluia V. Joann XIV9Non vos relinquam orphanos: vado, et venio ad vos, et gaudebit cor vestrum, alleluia. V. Aleluya, Aleluya – Reina el Señor sobre todas las naciones; Dios está sentado en su santo trono. Aleluya. V. “No os dejaré huérfanos: Voy, y vengo a vosotros, y vuestro corazón se regocijará.” Aleluya.

Evangelio

Asistidos por el Espíritu Santo Consolador, que Jesús va a envirle del Cielo, la Iglesia y sus ministros se dedicarán a dar testimonio de Dios, mal que pese a sus enemigos y perseguidores, los cuales, tan cegados estarán a veces en su sectarismo, que decretarán martirios y destierros, creyendo honrar así a la misma Religión.
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Joanem. Jo. XV, 26-27; XVI, 1-4 – In illo témpore: Dixit Jesus Discipulis suis: Cum venerit Paraclitus, quem ego mittam vobis a Patre, Spiritum veritatis, qui a Patre procedit, ille testimonium perhibebit de me: et vos testimonium perhibebitis, quia ab initio mecum estis. Haec locutus sum vobis, ut non scandalizemini. Absque synagogis facient vos: sed venit hora, ut omnis, qui interficit vos, arbitretur obsequium se praestare Deo. Et haec facient vobis, quia non noverunt Patrem, neque me. Sed Haec locutus sum vobis: ut, cum venerit hora eorum, reminiscamini, quia ego dixit vobis.

Credo.

U Continuación del Santo Evangelio según San Juan (XV, 26-27; XVI, 1-4)En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: “Cuando viniere el Consolador, que yo os enviaré del Padre, el Espíritu de Verdad que del Padre procede, El dará testimonio de mí, y vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. Esto os he dicho para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas(2) mas, llega la hora en que cualquiera que os diere muerte, pensará hacer un servicio a Dios(3). y esto os harán, porque no conocieron al Padre ni a mí. Mas, esto os lo he dicho, para que cuando viniere la hora, os acordéis de que ya os lo tenía anunciado.” Credo.
OFFERTORIUM Ps. 46 - Ascendit Deus in jubilatione: et Dominus in voce tubae, alleluia. OfertorioSubió Dios entre voces de júbilo, y el Señor al son de trompeta. Aleluya.

Oración-Secreta del día

Sacrificia nos, Domine, immaculata purificent: et mentibus nostris supernae gratiae dent vigorem. Per Dominum. Purifíquenos Señor, este sacrificio inmaculado, y dé a nuestras almas el vigor de la gracia celestial. por Nuestro Señor, etc.

Oración-Secreta (de la Ascensión)

Súscipe, Dómine, múnera, quæ pro Fílii tui gloriósa Ascensióne deférimus: et concéde propítius; ut a præséntibus perículis liberémur, et ad vitam perveniámus ætérnam. Per eúndem Dóminum. Recibe, oh Señor, los dones que te ofrecemos para honrar la gloriosa Ascensión de tu Hijo, y concédenos la gracia de vernos libres de los peligros presentes, y de llegar a la vida eterna. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor.

Prefacio propio de la Ascensión
(Hasta la Vigilia de Pentecostés)

Vere dignum et justum est, aequum et salutare, nos tibi semper, et ubique gratias agere: Domine sancte, Pater omnipotens, aeterne Deus: per Christum Dominum nostrum. Qui post resurrectionem suam omnibus discipulis suis manifestus apparuit, et ipsis cernentibus est elevatus in caelum , et nos divinitatis suae tribueret esse participes. Et ideo cum Angelis et Archangelis, cum Thronis et Dominationibus, cumque omni militia caelestis exercitus, hymnum gloriae tuae canimus, sine fine dicentes: Sanctus, Sanctus, Sanctus, etc. Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar, ¡Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios!, por Jesucristo nuestro Señor, El cual, después de su Resurrección, se apareció visiblemente a todos sus discípulos y subió al Cielo ante sus ojos, para hacernos partícipes de su Divinidad. Y por eso, con los Ángeles y los Arcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial, entonamos a tu gloria un himno, diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo, etc.
COMMUNIO -Pater, cum essem cum eis, ego servabam eos, quos dedisti mihi, alleluia: nunc autem ad te venio: non rogo, ut tollas eos de mundo, sed ut serves eos a malo, alleluia, alleluia.
Comunión.¡Padre! mientras estaba con ellos, yo guardé lo que Tú me diste,” aleluya; “mas, ahora vengo a Ti; no te pido que los saques del mundo, sino que los libres del mal,” aleluya, aleluya.

Oración-Postcomunión

Alimentados Señor, con tus sagrados Dones, te pedimos la gracia de permanecer siempre agradecidos por tan insigne beneficio. Por Nuestro Señor, etc.

POSTCOMMUNIORepleti, Domine, muneribus sacris, quaesumus; ut in gratiarum semper actione maneamus. Per Dominum.

  • (1) Esta hermosa frase de San Pedro: ut in omnibus honorificetur Deus: “para que en todo sea Dios honrado”, que San Benito estampó en su Regla, reemplazando “honorificetur” por “glorificetur” (sea glorificado”, viene siendo, desde tiempo inmemorial, el tema de la Orden Benedictina, del que es un calco feliz el “Ad Majorem Dei Gloriam” de la Compaía de Jesús.

  • (2) Os echarán, por consideraros apóstatas de su religión, excomulgados y personas que hay que repeler.

  • (3) Hoy también, los perseguidores del clero y de las Órdenes Religiosas quieren hacer creer al vulgo ignorante y crédulo que, al despojarlos de sus bienes y expulsarlos de sus casas e iglesias, hacen una obra de civilización y de cultura y hasta de depuración religiosa. Sin llegar a este extremo, muchos buenos cristianos, al criticar sin escrúpulos a los mandatarios de la Iglesia, también quieren hacer creer que lo hacen por celo santo.

 Tomado de:
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ASCENSIÓN DEL SEÑOR

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VIGILIA DE LA ASCENSIÓN

MIÉRCOLES DESPUÉS DEL
V DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA

( Simple Ornamentos blancos )

Introito. Ps. 48, 20

INTROITUS - Ps. 48, 20 – Vocem jucunditátis annuntiáte, et audiátur, allelúja: annuntiáte usque ad extrémum terræ: liberávit Dóminus pópulum suum, allelúja, allelúja. Ps. 65, 1-2 Jubiláte Deo, omnis terra, psalmum dicite nómini ejus: date glóriam laudi ejus. Glória Patri. IntroitoCon voz de júbilo, anunciad y haced saber esta nueva, aleluya. Llevad la hasta los últimos confines de la tierra, y decid: El Señor redimió a su pueblo, aleluya, aleluya.” Que toda la tierra cante alegre a Dios; Cantad salmos a su Nombre ; dadle gloria alabanzas. Gloria al Padre, etc.

Oración-Colecta del día

ORATIODeus, a quo bona cuncta procédunt, largíre supplícibus tuis: ut cogitémus, te inspiránte, quæ recta sunt; et, te gubernánte, éadem faciámus. Per Dóminum nostrum.R. Amen Oh Dios, de quien todos los bienes proceden: suplicámoste humildemente, te dignes inspirar nos santos pensamientos, y nos los hagas poner por obra, con el auxilio de tu gracia. Por Nuestro Señor. etc.R. Amen.

Oración-Colecta (de las Rogativas)

ORATIOPraesta, quaesumus, onipotens Deus: ut qui in aflictione nostra de tua pietate confidimus contra adversa omnia, tua semper protectione muniamur, Per Dominum… R. Amen Rogámoste, Oh Dios omnipotente, que los que, cuando estamos atribulados, confiamos en tu misericordia, nos sintamos siempre defendidos por tu protección en todas nuestras adversidades. Por Jesucristo Nuestro Señor R. Amen.

Epístola

Al subir Jesús el día de la Ascensión, prometió enviar a la Iglesia al Espíritu Santo con todos sus dones. Esta diversidad de dones recibidos los usa la Iglesia paara integrar y perfeccionar el cuerpo mísitico.

EPISTOLALéctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Ephésios.Eph. 4, 7-13

Fatres: Unicuíque nostrum data est grátia secúndum mensúram donatiónis Christi. Propter quod dicit: Ascéndens in altum, captívam duxit captivitátem: dedit dona homínibus. Quod autem ascéndit, quid est, nisi quia et descéndit primum in inferióres partes terræ? Qui descéndit, ipse est et qui ascéndit super omnes cælos, ut impléret ómnia. Et ipse dedit quosdam quidem apóstolos, quosdam autem prophétas, álios vero evangelístas, álios autem pastóres et doctóres, ad consummatiónem sanctórurn in opus ministérii, in ædificatiónem córporis Christi: donec occurrámus omnes in unitátem fidei, et agnitiónis Fílii Dei, in virum perféctum, in rnensúram ætátis plenitúdinis Christi.

Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a los Efesios – Hermanos: a cada uno de nosotros se nos ha dado la gracia a medida de la donación de Cristo(1). Por lo cual dice la Escritura: Al subirse a lo alto, llevóse consigo a los cautivos(2), y derramó sus dones sobre los hombres. Mas ¿por qué se dice que subió, sino porque antes había bajado a los lugares inferiores de la tierra? El que descendió, ése mismo es el que subió sobre todos los cielos para dar cumplimiento a todas las cosas. Y así El mismo a unos ha constituido Apóstoles, a otros Profetas y a otros Evangelistas; y a otros Pastores y Doctores; para que trabajen por el ministerio, y por la edificación del cuerpo de Cristo(3); hasta que lleguemos todos a tener una misma fe y un mismo conocimiento del Hijo de Dios, y al estado de varón perfecto, a la medida de la edad cumplida de Cristo.

Salmodia

Allelúja, allelúja. V. Resurréxit Christus, et illúxit nobis, quos redémit in sánguine suo. Allelúja. V Joann. 16, 28 Exívi a Patre, et veni in mundum: íterum relínquo mundum, et vado ad Patrem. Allelúja. Aleluya, aleluya. Cristo resucitó, y se apareció a nosotros, a quienes redimió con su Sangre. Aleluya. Salí del Padre, y vine al mundo. Ahora dejo el mundo, y vuelvo al Padre. Aleluya.

Evangelio

Conocer a Dios y su Cristo es la suprema felicidad de la criatura racional; mas para conocerlos en el esplendor de la gloria eterna, es necesario conocerlos antes a través de los velos de la fe. He aquí la misión que Jesucristo vino a cumplir en este mundo y de la cual da ahora cuenta a su Padre antes de emprender su partida para el Cielo.
USequéntia sancti Evangélii secúndum Joánnem. Joann. 17, 1-11In illo témpore: Sublevátis Jesus óculis in cælum, dixit: Pater, venit hora, clarífica Fílium tuum, ut Filius tuus claríficet te: sicut dedísti ei potestátem ornnis carnis, ut omne, quod dedísti ei, det eis vitam ætérnam. Hæc est autem vita ætérna: ut cognóscant te, solum Deum verum, et quem misísti Jesum Christum. Ego te clarificávi super terram: opus consummávi, quod dedísti mihi ut fáciam: et nunc clarífica me tu, Pater, apud temetípsum, claritáte, quam hábui priúsquam mundus esset, apud te. Manifestávi nomen tuum homínibus, quos dedísti mihi de mundo. Tui erant, et mihi eos dedísti: et sermónem tuurn servavérunt. Nunc cognovérunt quia ómnia, quæ dedísti mihi, abs te sunt: quia verba, quæ dedísti mihi, dedi eis: et ipsi accepérunt, et cognovérunt vere quia a te exívi, et credidérunt quia tu me misísti. Ego pro eis rogo, non pro mundo rogo, sed pro his, quos dedísti mihi, quia tui sunt: et mea ómnia tua sunt, et tua mea sunt: et clarificátus sum in eis. Et jam non sum in mundo, et hi in mundo sunt, et ego ad te vénio.

Credo.

U Continuación del Santo Evangelio según San JuanEn aquel tiempo, levantando Jesús los ojos al cielos, dijo: Padre, llegó la hora, glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te glorifique a Ti, pues que le has dado poder sobre todo el linaje humano, para que dé la vida eterna: Que te conozcan a Ti, único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien Tú enviaste(4). Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra cuya ejecución me encomendaste. Ahora, pues, ¡Padre! glorifícame Tú en Ti mismo, con aquella gloria que Yo tuve en Ti, antes que existiera el mundo. Yo he manifestado tu nombre a los hombres que me confiaste(5) del mundo. Tuyos eran, y me los diste, y ellos guardaron tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste, viene de Ti; porque yo les di las palabras que Tu me diste, y ellos las han recibido y han reconocido verdaderamente que Yo salí de Ti, y han creído que Tú me enviaste. Por ellos ruego Yo ahora, no ruego por el mundo(6), sino por éstos que me diste, porque son tuyos; y todas mis cosas son tuyas, y las tuyas son mías, y en ellos he sido glorificado. Yo ya no estoy más en el mundo, pero éstos quedan en el mundo; y Yo a Ti vuelvo.Credo.
OFFERTORIUM – Ps. 65, 8-9 et 20 Benedícite, gentes, Dóminum Deum nostrum, et obaudíte vocem laudis ejus: qui pósuit ánimam meam ad vitam, et non dedit commovéri pedes meos: benedíctus Dóminus, qui non amóvit deprecatiónem meam, et misericórdiam suam a me, allelúja. OfertorioBendecid, naciones, al Señor Dios nuestro, y haced que se oiga la voz de su alabanza. El ha dirigido mi alma por los senderos de la vida, y ha preservado mis pies de todo desliz; bendito el Señor, que no rechazó mi oración, y no apartó de mí su misericordia, aleluya.

Oración-Secreta

Súscipe, Domine, fidélium preces cum oblatiónibus hostiárum: ut, per hæc piæ devotiónis offícia, cæléstem glóriam transeámus. Per Dóminum. Recibe, Señor, las oraciones de los fieles, con la oblación de las hostias, a fin de que pasemos a la gloria celestial, por medio de estos piadosos testimonios de nuestra devoción. Por Nuestro Señor, etc.

Prefacio propio de Pascua

Vere dignum et justum est, aequum et salutare: Te quidem, Domine, omni tempore, sed in hac potissimum die (in hoc potissimum) gloriosius praedicare, cum Pascha nostrum immolatus es Christus. Ipse enim verus es Agnus, qui abstulit peccata mundi. Qui mortem nostram moriendo destruxit, et vitam resurgendo reparavit. Et ideo cum Angelis et Archangelis, cum Thronis et Dominationibus, cumque omni militia caelestis exercitus, hymnum gloriae tuae canimus, sine fine dicentes: Sanctus, Sanctus, Sanctus, etc. Verdaderamente es digno y justo, debido y saludable, que en todo tiempo, Señor, te alabemos; pero principalmente con mayor magnificencia en éste, en que Jesucristo inmolado es, nuestra Pascua. Porque El es el verdadero Cordero que quita los pecados del mundo. El cual muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, reparó nuestra vida. Por esto, con los Ángeles y Arcángeles, con los Tronos y Dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial, can tamos un himno a tu gloria, diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo, etc.
COMMUNIO Cantáte Dómino, allelúja: cantáte Dómino, et benedícite nomen ejus: bene annuntiáte de die in diem salutáre ejus, allelúja, allelúja. Comunión.Cantad al Señor, aleluya: cantad al Señor y bendecid su nombre: pregonad con gusto un día y otro día la manera como nos ha salvado, aleluya, aleluya.

Oración-Postcomunión del día

Concédenos, Señor, a los que hemos sido saciados con el alimento de la mesa celestial, la gracia de desear lo que es justo y bueno y de saborear eso mismo que deseamos. Por Jesucristo Nuestro Señor.

POSTCOMMUNIO – Tríbue nobis, Dómine, cæléstis mensæ virtúte satiátis: et desideráre quæ recta sunt, et desideráta percípere. Per Dóminum.

2ª Oración-Postcomunión (de las Rogativas)

Te rogamos, Señor, acojas favorablemente nuestros votos: para que, al recibir tus dones mientras estamos atribulados, crezcamos en tu amor al vernos consolados.

Vota nostra, quaesumus, Domine, pio favore prosequere: ut, dum dona tua in tribulatione percipimus, de consolatione nostra in tuo amore crescamus.
  • (1) Es decir, no teniendo en cuenta nuestros méritos, sino impulsado por su generosidad.

  • (2) El texto latino literalmente se traducirá así: “se llevó cautiva a la cautividad“, pero eso es un hebraísmo sin sentido en nuestra lengua. Puede significar: o bien que Jesucristo, al resucitar y subir al Cielo, triunfó de la muerte y del demonio y sacó a la humanidad de la esclavitud en la que yacía; o bien que se llevó consigo al Cielo a una multitud de cautivos; o bien que libró a los justos del seno de Abrahán del estado de cautividad en que se hallaban.

  • (3) Se entiende del cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia.

  • (4) La vida eterna o vida divina que Jesucristo vino a comunicar a los hombres y de la que se le siguió al Padre una inmensa gloria eterna, consiste en “conocer a Dios y a su Hijo”. No es que sea suficiente este conocimiento para salvarse sino que es necesario como fundamento y germen de todo lo demás. De ahí la urgencia de conocer a fondo la Religión para poderla vivir y mediante esa vida divina auténtica, poderse salvar.

  • (5) Estos hombres, a Jesucristo confiados por su Padre son, primeramente, los Apóstoles, y en segundo lugar, todos los redimidos.

  • (6)Este mundo, por el que Jesús no ruega ahora, puede entenderse que es, o el pueblo judío que le iba a crucificar y a renegar de Él, o los gozadores del mundo en general, que están en obstinada rebelión contra las máximas del Evangelio.

    Tomado de:
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Santa Misa Dominical

QUINTO DOMINGO
DESPUÉS DE PASCUA

Dejo el mundo y voy al Padre.

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Santa Misa Dominical

CUARTO DOMINGO
DESPUÉS DE PASCUA

Si no me voy, no vendrá a vosotros el Cosolador; pero si me voy, os le enviaré.

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Santa Misa Dominical

TERCER DOMINGO
DESPUÉS DE PASCUA 

(Doble – Ornamentos blancos )

Dentro de poco no me veréis

Han pasado tres semanas de alegría. Ahora la Resurrección marcha rápida hacia la definitiva exaltación del Cristo, hacia la Ascensión… Hoy empezamos a pensar ya en la separación, y nuestra alegría se empaña con un halo de suave melancolía.

Comenzamos levantando al Cielo gritos de Júbilo: “Cantad con júbilo a Dios, toda la tierra, entonad salmos a su Nombre“. Pero San Pedro nos recuerda luego que somos extranjeros y peregrinos que todavía no hemos llegado a la Patria conquistada por la sangre de Cristo (Epístola), y que, por tanto, debemos trabajar, caminar y vivir con espíritu de los que se han revestido de Cristo.

Reconociendo nuestra debilidad, pedimos a Dios que nos conceda, a todos los que llevamos el nombre de cristianos, la gracia de rechazar cuanto se oponga a este nombre y de seguir cuanto con él conviene (Oración). El primer peregrino es el mismo Cristo, que nos habla ya en el Evangelio de su próxima partida.

Pronto va a privarnos de su presencia para poder enviarnos el Espíritu Santo, en el cual encontrarán los Apóstoles, y todos los nacidos y resucitados en Cristo, el valor necesario para llevar dignamente el nombre cristiano.

Introito. Ps. 55, 1-2

INTROITUS - Jubilate Deo, omnis terra, alleluia: psalmum dicite nomini ejus, alleluia: date gloriam laudi ejus, alleluia, alleluia, alleluia. – Ps. Ibid. 3. Cicite Deo, quam terribilia sunt opera tua, Domine: in multitudine virtutis tuae mentientur tibi inimici tui. Gloria. IntroitoCantad con júbilo a Dios, toda la tierra, entonad salmos a su Nombre, aleluya. Glorificadle y alabadle, aleluya, aleluya, aleluya.- Decid a Dios: ¡cuán estupendas son tus obras, oh Señor! Tan grande es tu poder, que serás glorificado por tus mismos enemigos. Gloria al Padre,

Oración-Colecta

ORATIODeus qui errantibus, ut in viam possit redire justitiae, veritatis tuae lumen ostendis: da cunctis qui christiana professione censentur, et illa respuere, quae huic inimica sunt nomini, et ea quae sunt apta, sectari. Per D. N. R. Amen Oh Dios, que muestras a los que yerran la luz de tu verdad, para que puedan volver al camino de la justicia, concede a cuantos profesan la fe cristiana, que se aparten de todo lo que va contra este nombre, y .sigan todo lo que es conforme a él. Por nuestro Señor, etc. R. Amen.

Epístola

Ante la persecución de Nerón, que ya había estallado en la Iglesia, San Pedro exhorta a los cristianos a la paciencia, a la sumisión humilde y a una vida ejemplar, para así desramar a los enemigos y honrar la Religión.

EPISTOLA - Lectio Epistolae beati Petri Apostoli (I, 2, 11-19) - Carissimi: Obsecro vos tamquam advenas, et peregrinos abstinere vos carnalibus desideriis, quae militant adversus animam, conversationem vestram inter gentes habentes bonam: ut in eo, quod detrectant de vobis tamquam de malefactoribus, ex bonis operibus vos canside rantes, glorificent. Deum in die visitationis. Subjecyi igitur estote omni humanae creatutrae propter Deum: sive regi, quasi praecellenti: sive ducibus, tamquam ab eo missis ad vindictam malefactorum, laudem vero bonorum: quia sic est voluntas Dei, ut benefacientes obmutescere faciatis imprudentium hominunm ignorantiam: quasi liberi, et non quasi velamen habentes malitiae libertatem, sed sicut servi Dei. Omnes honorate: fraternitatem diligite: Deum timete: regem honorificate. Servi, subditi estote in omni timore dominis, non tantum bonis, et modestis, sed etiam dyscolis. Haec est enim gratia: in Christo Jesu Domino nostro. Lección de la Epístola del Apóstol S. Pedro – Carísimos: Os ruego como a extranjeros y peregrinos(1), que os abstengáis de los deseos carnales que combaten contra el alma. Observando buena conducta entre los gentiles, para que así, como ahora murmuran de vosotros, como de malhechores, considerándoos por vuestras buenas obras, glorifiquen a Dios en el día de visita. Someteos, pues, a toda humana creatura por Dios: ya sea al rey como soberano que es; y a a los gobernantes como enviados por Él para venganza de los malhechores y para alabanza de 1os buenos. Porque ésa es la voluntad de Dios, que, haciendo bien, hagáis enmudecer la ignorancia de los hombres imprudentes. Portaos como libres, y no teniendo a libertad a manera de velo para encubrir la malicia, mas, como siervos de Dios; dad honor al Rey. Siervos(2), sed obedientes a los señores con todo respeto, no sólo a los buenos y moderados, sino aún a los de recia condición. Porque esto es lo que agrada a Dios, en Jesucristo, Señor nuestro.

Salmodia

Allelúja, allelúja.V. (Ps. 110, 9) Redentionem misit Dominus populo suo. Alleluia. V. Luc. 24, 46Oportebat pati Christum, et resurgere a mortuis: et ita intrare in gloriam suam. Alleluia Aleluya, aleluya. V. Aleluya, aleluya. El Señor envió redención a su pueblo. Aleluya. Convenía que Cristo padeciese y resucitase de entre muertos, y que así entrase en su gloria. Aleluya.

Evangelio

Jesús anuncia a sus discípulos, un poco enigmáticamente, su próxima partida de este mundo y su resurrección, así como la situación futura de la Iglesia militante, para la cual, aparentemente, Jesús desaparece un tiempo de su vista, pero para volver a mostrarse a cada uno, al fin de la breve peregrinación de la vida. Esta breve peregrinación, entre oscuridades y trabajos, resulta a veces triste y pesada, pero pasa veloz, y brilla ante los ojos del buen cristiano la luz perpetua y el gozo eterno que hacen olvidarlo todo.

USequéntia sancti Evangélii secúndum Joanem.16, 16-22 – In illo témpore:Dixit Jesus discipulis suis: Modicum, et jam non videbitis me; et iterum modicum, et videbitis me; quia vado ad Patrem. Dixerunt ergo ex discipulis ejus ad invincem: Quid est hoc, quod dicit nobis: Modicum, et non videbitis me; et iterum modicum, et videbitis me, et: quia vado ad Patrem? Dicebant ergo, quid esr hoc, quod dixit<. Modicum? nexcimus quid loquitur. Cognovit autem Jesus quia volebant eum interrogare et dixit eis: De hoc quaeritis inter vos, quia dixi: Modicum et non videbitis me, et iterum modicum et videbitis me. Amen, amen dico vobis, quia plirabitis et flebitis vos: mundus autem gaudebit, vos autem contristabimini, sed tristitia vestra vertetur in gaudium. Mulier cum parit, tristiam habet, quia venit hora ejus; cum autem pepererit puerum, jam non meminit pressurae, propter gaudium, quia naus est homo in mundum. Et vos igitur nunc quidem tristitam habetis, iterum autem videbo vos et gaudebit cor vestrum, et gaudium vestrum nemo tollet a vobis. Credo. U Continuación del Santo Evangelio según San Juan (16,, 16-22)En aquel tiempo: dijo Jesús a sus discípulos: “Un poco y ya no me veréis: y otro poco y me veréis; porque voy al Padre.” entonces algunos de ellos se dijeron unos a otros: “¿Qué es esto que nos dice: ‘Un poco y no me veréis, y otro poco y me veréis; porque voy al Padre?” y decían, “¿Qué es esto que nos dice? ‘¿Un poco?’ No sabemos lo que quiere decir(3).” Entendió Jesús que le querían preguntar, y les dijo: “Disputáis entre vosotros de esto que he dicho: ‘Un poco y no me veréis, y otro poco y me veréis’ En verdad, en verdad os digo: que vosotros lloraréis y gemiréis, mas el mundo se gozará, y vosotros andaréis tristes, mas vuestra tristeza se trocará en gozo(4). La mujer , cuando pare, está triste, porque viene su hora; mas cuando ha dado a luz un niño, ya no se acuerda del apuro, por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. Así pues, también ahora, vosotros tenéis tristeza; mas otra vez os he de ver, y se gozará. vuestro corazón, y ninguno os arrebatará. vuestro gozo.” Credo.
OFFERTORIUM Ps. 145, 2. - Lauda, anima mea, Dominum: laudabo Dominum in vita mea, psallam Deo meo quamdiu ero, alleluia. OfertorioAlaba, alma mía, al Señor; alabaré al Señor durante mi vida : entonaré himnos a mi Dios. mientras yo viva. Aleluya.

Oración-Secreta

His nobis, Domine, mysteriis conferaatur, quo terrena desideria mitigantes descamus amare caelestia. Per Dominum nostrum. Danos, Señor, con es tos misterios, la gracia de que, mitigando los deseos terrenales, aprendamos a amar las cosas celestiales. Por Nuestro Señor, etc.

Prefacio propio de Pascua

Vere dignum et justum est, aequum et salutare: Te quidem, Domine, omni tempore, sed in hac potissimum die (in hoc potissimum) gloriosius praedicare, cum Pascha nostrum immolatus es Christus. Ipse enim verus es Agnus, qui abstulit peccata mundi. Qui mortem nostram moriendo destruxit, et vitam resurgendo reparavit. Et ideo cum Angelis et Archangelis, cum Thronis et Dominationibus, cumque omni militia caelestis exercitus, hymnum gloriae tuae canimus, sine fine dicentes: Sanctus, Sanctus, Sanctus, etc. Verdaderamente es digno y justo, de bido y saludable, que en todo tiempo, Señor, te alabemos; pero principalmente con mayor magnificencia en éste, en que Jesucristo inmolado es, nuestra Pascua. Porque El es el verdadero Cordero que quita los pecados del mundo. El cual muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, reparó nuestra vida. Por esto, con los Ángeles y Arcángeles, con los Tronos y Dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial, can tamos un himno a tu gloria, diciendo sin cesar:Santo, Santo, Santo, etc.
COMMUNIO Mdicum, et non videbitis me, alleluia: iterum modicum, et videbitis me, quia vado ad Patrem, alleluia, alleluia. Comunión.Un poco y no me veréis,” aleluya; “otro poco y me veréis, porque voy al Padre.” Aleluya, aleluya.

Oración-Postcomunión

Los Sacramentos que hemos recibido, oh Señor, te rogamos nos fortalezcan como Alimentos Espirituales que son, y nos defiendan, sirviéndonos de auxilios para el cuerpo. Por Nuestro Señor,

POSTCOMMUNIO – Sacramenta quae sumpsimus, Domine, et spritualibus nos instaurent alimentis, et corporalibus tueantur auxiliis. Per Dominum nostrum Jesum Christum.
  • (1) Extranjeros y peregrinos somos, en efecto, en el orden espiritual, ya que no tenemos aquí ciudad ni patria permanentes.

  • (2) Siervos, aquí quiere decir criados, vasallos, súbditos y todo lo que expresa sumisión a alguna autoridad legítimamente constituida, a la cual, por Dios, debemos someternos en lo que no va en contra de nuestra conciencia, aunque el mandatario sea duro y autoritario.

  • (3) Bajo esta forma un poco enigmática les anunciaba Jesús a los Apóstoles su próxima muerte y resurrección y sus apariciones. Equivalía a decirles: “No me veréis, porque estaré muerto y enterrado; pero en seguida me volveréis a ver, porque habré resucitado”. A nosotros nos parece muy claro, porque conocemos los acontecimientos.

  • (4) Los buenos cristianos deben vivir en una santa y saludable tristeza, con respecto a las locas alegrías de los mundanos, tristeza que a menudo impone el cumplimiento austero del deber; pero esta tristeza será pasajera y se convertirá en gozo eterno después de la muerte, al revés de lo que acaecerá a los mundanos. El ejemplo gráfico de la parturienta explica el pensamiento del Señor.

    Tomado de:

     http://misa_tridentina.t35.com/

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Santa Misa Dominical

SEGUNDO DOMINGO
DESPUÉS DE PASCUA

Yo soy el buen Pastor. Conozco mis ovejas, y las mías me conocen a Mí

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CRISTIADA

Mañana se estrena

 LA HISTORIA DE MÉXICO QUE TE QUISIERON OCULTAR

Una narración épica de la Guerra Cristera (1926-1929), que fue detonada por el intento del gobierno mexicano de suprimir la libertad de culto. La película sigue la epopeya de gente ordinaria de todo el país que eligió defender su libertad. Todos ellos deberán decidir si están dispuestos a dar su vida por defenderla.

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Santa Misa Dominical

DOMINGO IN ALBIS 
Y OCTAVA DE PASCUA

Acerca tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino fiel.

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Santa Misa Dominical

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

Resucitó como lo dijo

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Felices Pascuas de Resurrección

Resóndens autem Angelus, dixit muliéribus:  « Nolíte timére vos: scio enim, quod Jesum, qui crucifíxus est, quáeritis: non est hic: surréxit enim, sicut dixit.

Hablando el ángel, dijo: No temáis vosotras, pues ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado; no está aquí, pues resucitó como lo dijo.

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Pregón Pascual

(antiquísimo y bellísimo poema litúrgico de la iglesia católica primitiva)

Exulten por fin los coros de los ángeles,
exulten las jerarquías del cielo,
y por la victoria de Rey tan poderoso
que las trompetas anuncien la salvación.

 

Goce también la tierra,
inundada de tanta claridad,
y que, radiante con el fulgor del Rey eterno,
se sienta libre de la tiniebla
que cubría el orbe entero.

 

Alégrese también nuestra madre la Iglesia,
revestida de luz tan brillante;
resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.

 

En verdad es justo y necesario
aclamar con nuestras voces
y con todo el afecto del corazón
a Dios invisible, el Padre todopoderoso,
y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

 

Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre
la deuda de Adán
y, derramando su sangre,
canceló el recibo del antiguo pecado.

 

Porque éstas son las fiestas de Pascua,
en las que se inmola el verdadero Cordero,
cuya sangre consagra las puertas de los fieles.

 

Ésta es la noche
en que sacaste de Egipto
a los israelitas, nuestros padres,
y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.

 

Ésta es la noche
en que la columna de fuego
esclareció las tinieblas del pecado.

 

Ésta es la noche
en que, por toda la tierra,
los que confiesan su fe en Cristo
son arrancados de los vicios del mundo
y de la oscuridad del pecado,
son restituidos a la gracia
y son agregados a los santos.

 

Ésta es la noche
en que, rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo.
¿De qué nos serviría haber nacido
si no hubiéramos sido rescatados?

 

¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!
¡Qué incomparable ternura y caridad!
¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!

 

Necesario fue el pecado de Adán,
que ha sido borrado por la muerte de Cristo.
¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!

 

¡Qué noche tan dichosa!
Sólo ella conoció el momento
en que Cristo resucitó de entre los muertos.

 

Ésta es la noche
de la que estaba escrito:
«Será la noche clara como el día,
la noche iluminada por mí gozo.»

 

Y así, esta noche santa
ahuyenta los pecados,
lava las culpas,
devuelve la inocencia a los caídos,
la alegría a los tristes,
expulsa el odio,
trae la concordia,
doblega a los poderosos.

 

En esta noche de gracia,
acepta, Padre santo,
este sacrificio vespertino de alabanza
que la santa Iglesia te ofrece
por medio de sus ministros
en la solemne ofrenda de este cirio,
hecho con cera de abejas.

 

Sabernos ya lo que anuncia esta columna de fuego,
ardiendo en llama viva para gloria de Dios.
Y aunque distribuye su luz,
no mengua al repartirla,
porque se alimenta de esta cera fundida,
que elaboró la abeja fecunda
para hacer esta lámpara preciosa.

 

¡Que noche tan dichosa
en que se une el cielo con la tierra,
lo humano y lo divino!

 

Te rogarnos, Señor, que este cirio,
consagrado a tu nombre,
arda sin apagarse
para destruir la oscuridad de esta noche,
y, como ofrenda agradable,
se asocie a las lumbreras del cielo.
Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,
ese lucero que no conoce ocaso
y es Cristo, tu Hijo resucitado,
que, al salir del sepulcro,
brilla sereno para el linaje humano,
y vive y reina glorioso
por los siglos de los siglos.
Amén.

Tomado de:

http://www.conocereisdeverdad.org

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La crucifixión

San Lucas 23,33-49.

109. Y puesto que ya hemos contemplado el trofeo, vea­mos ahora cómo el triunfador sube a su carro y no cuelga el botín conquistado del mortal enemigo sobre troncos de árboles o sobre las cuadrigas, sino que los despojos arrebatados al mundo los coloca sobre su patíbulo triunfal. No vemos aquí a los pueblos vencidos con las manos atadas a la espalda, ni el espectáculo de ciudades arrasadas o las estatuas de los lugares ocupados; tam­poco observamos las cabezas humilladas de los reyes cautivos, como suele ocurrir entre los triunfadores humanos, ni tampoco contemplamos que se lleva esa victoria hasta los límites de otro país; por el contrario, lo que vemos es precisamente que los pueblos y las naciones, llenos de alegría, son atraídos no por el castigo, sino por la recompensa, los reyes rinden adoración por propia decisión, las ciudades se entregan a un culto voluntario, las estatuas de las poblaciones reciben una especial mejora, no realizada ésta por el arte del colorido, sino hermoseadas por una fe entregada, las armas y los derechos de los vencedores se extienden por todo el orbe; contemplamos asimismo cómo el príncipe de este mundo es cogido preso y cómo los espíritus del mal que vagan por los cielos (Eph 6,12) obedecen a las ór­denes de una palabra humana, y cómo están las potestades sumisas y las diversas clases de virtudes resplandecen, no gracias a su seda, sino gracias a sus costumbres. Brilla la castidad, res­plandece la fe, y la valiente entrega se levanta ya airosa una vez que se ha vestido con los despojos de la muerte. El solo triunfo de Dios, la Cruz del Señor, ya hizo triunfar a todos los hombres.

110. Parece conveniente considerar el modo de subir (1). Yo lo veo desnudo; así tiene que subir el que se dispone a vencer al mundo, de modo que no se debe preocupar en buscar los auxilios del siglo. Adán, que fue a buscar el vestido (Gen 3,7), fue vencido, mientras que el vencedor es Aquel que se despojó de sus vestidos. El subió con la misma realidad con la que la naturaleza nos había formado bajo la acción de Dios. Así había vivido el primer hombre en el paraíso, y así también entró el segundo hombre al paraíso. Y con el fin de que el triunfo no fuera para El solo, sino para todos, extendió sus manos para atraer todas las cosas hacia sí (Io 12,32), con propósito de rom­per las ligaduras de la muerte, atarnos con el yugo de la fe y unir al cielo todo aquello que antes estaba ligado a la tierra.

111. También se coloca una inscripción. De ordinario, a los vencedores les precede un cortejo; y así el carro triunfal del Señor estaba precedido por el acompañamiento de los muertos resucitados. También es costumbre indicar con un escrito el nú­mero de naciones dominadas. En esa clase de triunfos que se dan dentro de un orden preestablecido, existen los pobres cautivos de las naciones vencidas, cosa que es vergonzosa cuando son ellas las desoladas; sin embargo, aquí resplandece le belleza de los pueblos redimidos. Los que llevan el carro son dignos de un triunfo semejante, y así, el cielo, la tierra, el mar y los infiernos pasan de la corrupción a la gracia.

112. Se coloca una inscripción y se pone sobre la cruz, y en la parte inferior de ella, puesto que el principado está sobre sus hombros (Is 9,6). Y ¿qué otra cosa es este principado, sino su eterno poder y su divinidad? Por eso, cuando le preguntaron: Tú quién eres, El respondió:El principio que os habla (Io 8,25). Pero, leamos esta inscripción: Jesús Nazareno —dice— Rey de los judíos.

113. Con toda razón la inscripción está puesta en la parte superior de la cruz, ya que el reino que posee Cristo no es propio del cuerpo humano, sino del poder de Dios. Y con toda justicia está puesto arriba, porque, aunque en la cruz estaba el Señor Je­sús, sin embargo, resplandecía por encima de la cruz gracias a su majestad real. Era un gusano sobre la cruz (Ps 21,7), un escarabajo sobre la cruz. Pero un buen gusano que no se va del árbol, un buen escarabajo que clamó desde la cruz (2). Y ¿qué dijo? Señor, no les imputes este pecado.También le dijo al la­drón: Hoy estarás conmigo en el paraíso, y gritó como un esca­rabajo: ¡Dios mío, Dios mío, mírame!, ¿por qué me has abandonado? Y, en verdad, era un buen escarabajo quien, por medio de los pasos de sus virtudes, dignificaba el barro de nuestro cuerpo, que antes era algo informe y torpe (3) y buen escarabajo también el que levantó al pobre de entre el estiércol (Ps 122,7); levantó a Pablo que se consideró como basura (Phil 3,8), le­vantó a Job que yacía sentado sobre el muladar (Iob 2,8).

114. No se trata, pues, de una inscripción cualquiera. Y aún más, el mismo lugar de la cruz, bien puesta en medio para que fuera vista por todos, o levantada, como discuten los hebreos, sobre la sepultura de Adán (4), tiene gran importancia, ya que convenía que la primicia de nuestra vida se colocara en el mismo sitio donde tuvo lugar el comienzo de nuestra muerte.

115. Se reparten los vestidos, y a todos les favorece la suerte con algo, pues el Espíritu de Dios no está prisionero de la inteligencia del hombre, sino que actúa sobre ella de una ma­nera imprevista. Quizás se pueda ver también en esos cuatro soldados una figura de los cuatro evangelistas, que fueron aque­llos por quienes nos consta esa inscripción que todos podemos leer. Cuando leo: Mi reino no es de este mundo (lo 18,36), me parece leer la inscripción de “Rey de los judíos”; igualmente, cuando leo : y el Verbo era Dios (Io 1,1), me parece ver claro que el proceso de Cristo estaba escrito sobre su ca­beza, pues, la cabeza de Cristo es Dios (1 Cor 11,3).

116. Esos soldados eran los que guardaron a Cristo y los que actualmente lo guardan, para que no haga sentir su pre­sencia en nadie ni descienda sobre alguno, bajando de la cruz, como pedían los judíos (Mt 27,40). Sin embargo, yo anhelo que Cristo muera por mí en su pasión, para que pueda resucitar después de ella. No quiso bajar, haciéndose un beneficio, con el fin de morir por mí. A Cristo se le guarda para nosotros y por nosotros son divididas sus vestiduras. Todo no lo puede poseer cada uno, y por eso echan a suertes la túnica, y es que la dis­tribución de los dones del Espíritu Santo no se lleva a cabo a gusto del hombre, pues, hay una diversidad de operaciones, pero todo lo obra el mismo Espíritu, el cual distribuye a cada uno según quiere (1 Cor 12,6.11).

117. Contempla ahora los vestidos divinos de Cristo. ¿Dónde los buscaré? Búscalos en el Evangelio de Mateo; en él encon­trarás el manto de escarlata (27,28); en el de Juan hallarás el vestido de púrpura (19,2); en el de Marcos, la púrpura solamente (15,17), y en el de Lucas, la vestidura blanca (23,11); por su parte, El estaba contento con cualquiera de esos vestidos. ¡A cuántos ha vestido Cristo con sus vestiduras! Pienso que no ha vestido sólo a cuatro, sino a todos los soldados y, además, en un modo sobreabundante.

118. Pero volvamos a los evangelistas. En verdad, estas cua­tro fracciones no me parecen tanto partes de un vestido cuanto cuatro clases de talentos. Pues, en efecto, uno escribió de un modo más admirable sobre el reino; y otro sobre la formación del hombre, de una manera más extensa. Lucas eligió para sí escribir sobre el fulgor de la vestidura sacerdotal; Marcos apenas si buscó una trabazón en su exposición; y Juan, por así decir, elaboró un hermoso tejido de sentencias, con las cuales revistió nuestra fe. ¿No te parece que este pasaje : En el principio existía el Verbo y el Verbo estaba junto a Dios y el Verbo era Dios. El estaba desde el principio en Dios. Todas las cosas fueron hechas por El (Io 1,1.3), goza de un encadenado perfecto? Por el contrario, Marcos, como contentándose sólo con el resplandor de la púrpura, afirmó, sin ninguna concatenación verbal: Comienza el evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios(1,1).

119. Por tanto, los vestidos repartidos representan a la ac­ción de Cristo, o también a su gracia, pues la túnica no podía ser partida, viendo en ella una figura de la fe, puesto que ésta no se consigue en atención a la herencia de cada uno, sino que pertenece a todos por derecho común; pues aquello que no puede ser dividido en partes, permanece entero para cada uno.

120. Con un profundo sentido dice que era de una pieza tejida toda desde arriba (lo 19,23),porque es así como está tejida la fe de Cristo, con objeto de que baje desde lo divino a lo humano, puesto que, habiendo nacido El de Dios antes de todos los siglos, tomó, en los últimos tiempos, sobre sí la carne. Con lo que se nos quiere enseñar que no debe romperse nuestra fe, sino que ha de permanecer entera.

121. En verdad, en verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso. Preciosísimo ejemplo el que aquí se narra de un trabajo de conversión, puesto que se le concede al ladrón tan pronto el perdón, resultando el premio mucho más grande que la petición; en realidad, el Señor siempre da más de lo que se le pide. Aquél pedía que el Señor se acordara de él cuando estuviera en su reino, y el Señor le contestó: En verdad, en verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso; y es que la vida verdadera consiste en estar con Cristo, porque donde está Cristo allí está el reino.

122. El Señor perdona prontamente, porque con esa mis­ma prontitud se convirtió el que se lo pedía. De aquí se puede deducir por qué los otros evangelistas muestran a los dos la­drones lanzando injurias, y Lucas, por el contrario, pone a uno blasfemando y al otro rogándole. Pudiera ser que uno de ellos antes estuviera injuriándole y de repente se convirtiera. Y no es de admirar que, si se convirtió, le perdonara la culpa Aquel que concedía el perdón a los mismos que le insultaban. Aunque también cabe la posibilidad de que hablara de uno en plural, como lo hizo en otro texto: Los reyes de la tierra se reunieron y a una se confabularon los príncipes (Ps 2,2); ya que Herodes es el único rey Pilato el único príncipe que, según el sentir de Pedro en los Hechos de los Apóstoles, conspiraron contra Cristo. Y por esa misma razón puedes leer en la epístola a los Hebreos: Anduvieron cubiertos con pieles de cabra, fueron aserrados y obstruyeron las bocas de los leones (11,33.37), cuando en realidad sabemos que solamente Elías era quien llevaba la piel de cabra (2 Reg 1,8), sólo Isaías fue aserrado (5) y únicamente Daniel fue quien permaneció indemne entre los leones (Dan 6,23).

123. Con todo, ¡qué execrable esta iniquidad de los judíos, que crucificaron al Redentor de todos, como si fuera un ladrón! Aunque no hay duda de que, en sentido místico, El es verda­deramente un buen ladrón, que ha logrado dominar al demonio con el fin de arrebatarle sus instrumentos (cf Mt 12,29). También en ese sentido místico, los dos ladrones son una figura de los pueblos pecadores, que fueron crucificados con Cristo por el bautismo, enseñándonos igualmente su desacuerdo que los creyen­tes serían de diversas condiciones. A continuación dice que uno estaba a la izquierda y otro a la derecha. Y los reproches nos re-velan que el escándalo de la cruz (Gal 5,11) seguirá existiendo aun entre los creyentes.

124. Y los judíos le ofrecieron vinagre. Y con el fin de dar cumplimiento a todo, toma esta corrupción de la verdad para clavar en la cruz todo lo que era vicioso. Así bebe el vinagre, pero no el vino mezclado con la hiel, aunque no lo hizo por la hiel, sino para rehusar las amarguras mezcladas con el vino. Pues, en verdad, aceptando la condición de su cuerpo, tomó las amarguras de nuestra vida. Por eso El mismo dijo: Me dieron como comida hiel y como bebida para mi sed, vinagre (Ps 68,22). Sin embargo, no se debía haber mezclado el amargor a la verdad, para que se pudiera ver cómo la inmortalidad futura de los resuci­tados no tendrá amargura, puesto que esa inmortalidad, que cierta-mente se avinagró en el vaso de la humanidad, debía ser repa­rada en Cristo. Así, pues, El bebe vinagre, que es lo mismo que decir que el vicio de esa mortalidad, corrompida por Adán, es en ese momento arrojada lejos de la caña (6), para ser eliminado dicho vicio del cuerpo humano. Por lo cual, arrojemos también nosotros en Cristo todos esos vicios nuestros que hemos acumulado por una incuria negligente de nuestro cuerpo o de nuestra alma; arrojémoslos en El por medio del bautismo, para que nos crucifiquemos en Cristo; echémoslos sobre El por la penitencia; a cambio, El nos comunicará la realidad incorruptible del vino, que es su sangre celestial.

125. Y al fin, tan pronto como bebió el vinagre, dijo: Todo está consumado, pues todo el misterio de esa carne mortal que había tomado, estaba cumplido, y, una vez eliminados todos los vicios, sólo quedaba la gloria de la inmortalidad.

126. Por lo cual dijo: Señor, en tus manos encomiendo mi espíritu. Expresándose con toda perfección, El encomienda su espíritu, puesto que lo conserva, pues, aunque lo encomienda, no lo pierde. El espíritu es, en verdad, algo valioso y cuyo precio hay que guardar; por eso dijo aquél: ¡Oh Timoteo, guarda el buen depósito! (2 Tim 1,14). Y después encomienda el espíritu a su Padre; por eso dijo: Tú no dejarás mi alma en . el infierno (Ps 15,10). Contempla, pues, el gran misterio. Mientras encomienda su espíritu en las manos del Padre, permanece dentro del seno del Padre, ya que nadie distinto del Padre es capaz de conte­ner al Cristo total. Y así dijo:Yo estoy en el Padre y el Padre en Mí (Io 14,10). Encomienda, pues, su espíritu al Padre. Pero co­mo El está presente en los cielos, ilumina los infiernos para rescatar todas las cosas, puesCristo lo es todo en todas las cosas (Col 3,11), aunque El obre en cada uno. La carne muere para resucitar y el espíritu se lo encomienda a su Padre para que los mismos cielos se vean libres de las cadenas de la iniquidad y se lleve a cabo una paz que la misma tierra podrá imitar.

127. Y, dicho esto, entregó su espíritu. Muy bien está dicho ese entregó, ya que no lo perdió contra su voluntad. Y así Mateo dice: Entregó su espíritu, porque lo que se entrega es algo voluntario, pero lo que se pierde se realiza por necesidad. Y por eso añadió: con una gran voz.En este hecho podemos ver, o bien un glorioso testimonio de que se abajó hasta la muerte por nuestros pecados —y, en verdad, no seré yo quien se avergüence de confesar lo que Cristo no se avergonzó de pro-clamar con gran voz—, o una evidente manifestación de Dios, sellando la unión entre la divinidad y la carne. Por eso lees: Jesús, dando un grito, exclamó diciendo: Dios mío, Dios mío, mírame! ¿Por qué me has abandonado? Es el hombre el que clamó, puesto que la separación de la divinidad le hacía morir. Y como la divinidad está libre de toda muerte, ésta no se podría producir a no ser retirándose la vida, ya que la divinidad es la vida (7).

128. Lo que sigue nos muestra claramente que el fin del mundo tendrá lugar a causa de la impiedad de los malos. Por eso la pasión del Señor nos quiere enseñar que acabarán las co­sas presentes para que surjan las futuras. Y las tinieblas han ofus­cado los ojos de los incrédulos para que pueda resucitar la luz de la fe. El sol se ha ocultado o ha huido de los sacrílegos con el fin de tapar el espectáculo deprimente de su crimen. Las piedras se han hecho añicos para mostrarnos, por medio de las grietas abiertas en esas rocas, el futuro, ya que en él la fuerza de la palabra penetrará hasta en lo más duro de los corazones, con objeto de que, como predijo Jeremías (16,16), sea el Señor quien cace más fácilmente en las cavernas de las rocas a los mis­mos cazadores. Y los monumentos abiertos, ¿qué otra cosa sig­nifican, sino la resurreción de los muertos, una vez rotas las ligaduras de la muerte, en cuyo semblante se ve la fe y cuya apariencia es todo un símbolo, ya que, al salir a la ciudad santa, anunciaban, ante la vista de los presentes, que la Jerusalén celes­tial será la morada eterna de los resucitados? También el velo se rasga, hecho que nos declara, o bien la separación de los dos pueblos, o bien la profanación de los misterios de la Sinagoga. El velo viejo se rasga para que la nueva Iglesia pueda colocar sus colgaduras. Ha desaparecido el velo de la Sinagoga para que podamos contemplar al descubierto (2 Cor 3,14), con la mirada de nuestra alma, los misterios secretos de la religión. Y, por fin, he aquí que hasta el mismo centurión confiesa que Aquel a quien han crucificado es el Hijo de Dios. ¡Oh, qué corazones de los judíos, más duros que las rocas! Las piedras se parten, mientras que sus espíritus se endurecen. El juez les acusa, el que le mar­tiriza cree, el traidor paga su crimen con la muerte, los elementos se esconden, la tierra tiembla, los sepulcros se abren, y, sin em­bargo, la dureza de los judíos permanece inconmovible ante estas sacudidas de todo el universo.

129. Allí estaban contemplando el espectáculo algunas mujeres, y allí estaba también su Madre, anteponiendo el celo de su ternura a los peligros que corría. Y el Señor, que permanecía suspendido en la Cruz, despreciando sus padecimientos, encomen­daba a su Madre haciendo un supremo alarde de piedad. No sin razón es Juan quien lo cuenta con toda profusión de detalles; los otros, en efecto, describieron la conmoción del mundo, la acción de las tinieblas oscureciendo el cielo, la huida del sol. Mateo y Marcos, que dieron más importancia al aspecto humano y moral, añadieron: ¡Dios mío, Dios mío, mírame! ¿Por qué me has abandonado?, para que creyésemos que la naturaleza humana asumida por Cristo es la que había subido a la cruz. Y Lucas es quien ha afirmado con más claridad cómo el ladrón, gracias a la intercesión sacerdotal (8), obtuvo el perdón, y cómo, con el mismo beneficio, pidió misericordia para los mismos judíos que lo perseguían.

130. Y Juan, que fue quien penetró con más profundidad en los misterios divinos, trabajó sin cesar para declarar que aquella que había engendrado a Dios, había permanecido virgen (9). El es el único que enseña lo que no consignaron los otros, es decir, cómo, mientras estaba en la cruz, se dirigió a su Madre, Aquel que, vencedor de los suplicios y de los tormentos y triun­fador sobre el diablo, creía más importante cumplir sus deberes de piedad que entregar el reino de los cielos. Pues, si el hecho de que el Señor perdone al ladrón es algo verdaderamente sa­grado, mucho más lo es que el Hijo honre a su Madre (10).

131. Que no se vaya a pensar que he cambiado el orden por haber puesto la absolución del ladrón antes que esas pala­bras dirigidas a su Madre, ya que, como venía a salvar a los pecadores (1 Tim 1,15), no creo que sea absurdo el que yo, en mis escritos, le imite a llevar a cabo la misión que se propuso de buscar y salvar a un pecador. Y por ese motivo El mismo preguntó: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?, y es que no había venido precisamente a llamar a los justos, sino a los pecadores (Mt 12,48; 9,13). Pero allí habló en metá­fora, y, en cambio, aquí no se pudo olvidar de su Madre y la llamó desde la cruz, diciéndole: He ahí a tu hijo, y a Juan: He ahí a tu madre. Cristo hacía su testamento desde la cruz, tes­tamento que recogía Juan en su libro, como un testigo digno de tan gran testador. Un testamento que es de gran valor, aunque no ciertamente pecuniario, sino vital, escrito no con tinta, sino por el Espíritu de Dios vivo (cf. 2 Cor 3,3). Mi lengua es la pluma de un amanuense que escribe con rapidez (Ps 44,3).

132. Por su parte, María no aparecía indigna de ser Madre de Cristo, ya que, cuando los apóstoles huyeron, Ella perma­neció al pie de la cruz, contemplando con sus piadosos ojos las heridas de su Hijo, aunque no atendía tanto a la muerte de su Hijo cuanto a la salvación del mundo. Tal vez, porque sabía que de la muerte de su Hijo brotaba la redención del mundo, Ella, que era “la morada del Rey” (11), pensaba que con su propia muerte podría ayudar en algo a la gracia que se derramaba sobre todos. Pero Jesús no necesitaba ayuda para redimir a todo el universo, pues El mismo dijo: Me he constituido como un hom­bre que no tiene ayuda y libre entre los muertos (Ps 87,6). El recibió ciertamente el cariño de su Madre, pero no buscó su ayuda humana. En El, pues, tenemos un maestro de piedad. Este texto nos enseña qué es lo que debe imitar todo afecto materno y cómo regular el respeto de los hijos, para que las madres se ofrezcan a defender a los hijos cuando éstos peligran, y ellos, a su vez, tengan en más valor la solicitud materna que la tristeza de la propia muerte.

133. En este pasaje se nos presenta un testimonio sobreabundante de la virginidad de María. Pero no se trata aquí de que la esposa rechace a su marido, ya que está escrito : Lo que Dios unió, no lo separe el hombre (Mt 19,6), sino que aquel que tuvo durante todo su matrimonio el velo del misterio, no tenía ya necesidad de esa unión, una vez que esos misterios se cumplieron (12). Tal vez pudiéramos ver en esto, siguiendo un sentido moral, que la castidad sólo se guarda con el sacrificio.

134. En verdad, a Juan, el más joven de todos, le ha encomendado un misterio que no nos es lícito escuchar con oídos indiferentes. No hay duda de que el trato frecuente con un joven, así como la belleza de su juventud, son peligrosos para las mu­jeres, porque, tal vez, alguna, mirando la cosa externa, sin preo­cuparse del misterio, queriendo gozar de Cristo, pretenda imitar las apariencias de María, sin imitar su voluntad; así lo entien­den, por desgracia, esas mujeres del montón que, abandonando a su marido ya viejo, se unen a otro más joven. Que esa tal se dé cuenta de que aquí se trata del misterio de la Iglesia, la cual antes estaba unida al pueblo antiguo, aunque en apariencia, no en realidad, después dio a luz al Verbo y lo sembró en los cuerpos y en las almas de los hombres por medio de la fe en la cruz y en la sepultura del cuerpo del Señor, eligiendo, por precepto divino, la unión con otro pueblo más joven.

135. Yo me pregunto por qué no leemos que fuera traspasado antes de su muerte y sí después de ella, y no veo otra razón que la de que, tal vez, nos quiera enseñar que su muerte ha sido voluntaria y no obligada, y también que conociéramos el orden de los misterios, puesto que los sacramentos del altar no preceden al bautismo, sino que éste está antes, al que sigue la bebida. Con ello también se nos avisa que nos demos cuenta que, aunque la naturaleza de su cuerpo era mortal y su condición semejante a la nuestra, con todo, era, por gracia, del todo diferente. Pues no cabe duda que, después de la muerte, la sangre se solidifica en nuestro cuerpo; y, no obstante, de ese cuerpo incorrupto, aunque muerto, manaba la vida para todos; en efec­to, salió agua y sangre, la primera para lavar, y para redimir la segunda. Bebamos, pues, este nuestro remedio, para que, bebién­dolo, nos veamos libres.

Notas:

(1) Recuérdese el n.108, con el que se une esta exposición, después del paréntesis del n.109.

(2) San Ambrosio ha seguido en el texto de Habacuc o la versión de los LXX u otra semejante, que traen la palabra «escarabajo». El texto hebreo y la Vulgata no traen esa palabra. San Jerónimo reprueba a los que comparan al Señor a un escarabajo (In Habacuc: PL 25,1296-1298).

(3) Alusión a la vida de los escarabajos y al lugar donde se suelen encontrar, al menos una especie de ellos.

(4) Cf. ORÍGENES, ln Mt. 126 (PG 13,1777), donde menciona esta opinión sin indicar el origen. En otros lugares se habla de su fuente judía. Esto ha tenido mucha reper­cusión casi hasta nuestros días; pero carece de fundamento y de toda verosimilitud. Es de suponer que los judíos no hubieran escogido tal lugar para la ejecución de los condenados a muerte.

(5) Cf. 1.9.° n.25 y la nota

(6) El vinagre fue presentado al Crucificado en una esponja colocada en el extremo de una caña: ya conocemos que para Ambrosio la caña es figura de la debilidad humana,

(7) A primera vista, este texto sería violento en la doctrina de San Ambrosio, pa­reciendo que la muerte de Cristo se debe a que la divinidad se retira de El. No es imposible dar una interpretación ortodoxa: la divinidad retira la acción preservativa que mantenía la vida humana de Cristo y permite a la muerte hacer su obra, San Am­brosio se inspira en San Hilario, cf, PL 9,79-80.

(8) El calificativo sacerdotal se debe, tal vez, al carácter general del evangelio de San Lucas, como se dijo al principio del mismo.

(9) Cf. más abajo el n.133 y más aún el De institutione virginis, c.7, que ofrece un gran parecido con este pasaje. La constancia de la Virgen al pie de la cruz, un argumento para la virginidad de la Madre de Dios.

(10) Sería muy conveniente que se tuviera presente este pensamiento de San Ambrosio en la pastoral y en los escritos sobre la Virgen, algunos de los cuales, ciertamente, no están en la línea tradicional del pensamiento cristiano. Más todo hay que examinarlo dentro del plan general del pensamiento teológico de San Ambrosio. No hay oposición ninguna en la entrega del reino ni en la veneración a su Madre benditísima, que tam­bién entraba en su obra redentora como Socia suya.

(11) Expresión delicada en San Ambrosio, al que la mariología tanto debe. Tal vez sorprenda a algunos esta expresión aplicada a la Virgen. Sin embargo, la tradición patrística y litúrgica es constante en afirmarla. Ella es la corte, el palacio, la morada por excelencia del gran Rey. En la cruz, cuando es de todos abandonado, Ella sigue siendo su corte, su morada, como en la encarnación. El misterio de Cristo es muy profundo, y no podemos contentarnos con una somera y superficial exposición, como hoy tantas veces sucede. Por eso se han dejado oír unas voces extrañas en lo tocante a la doctrina mariológica de la Iglesia.

(12) San Ambrosio sigue fiel a su pensamiento expresado en el libro 2 ° n.4, y supone que San José vivía en el momento de la pasión del Señor. No es ésta la opinión común.

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El juicio del Señor

San Lucas 22,66 y 23,25.

97. Sigue a continuación un pasaje admirable que infunde en el corazón de los hombres una disposición de paciencia para sopor­tar, con igualdad de ánimo, las injurias. El Señor es acusado y calla. Con razón calla el que no necesita defenderse: querer de­fenderse es propio de los que temen ser vencidos. Y no es que, callando, apruebe la acusación, sino que el no protestar es una señal de que la desprecia. Porque ¿qué puede temer aquel que no desea salvarse? Por ser la salvación de todos, sacrifica la suya para obtener la de todos. Pero ¿qué podré decir yo de Dios? Susana calló y venció (Dan 13,35). En verdad, la mejor causa es la que se justifica sin defenderse. También Pilato absolvió en este caso, pero absolvió según su juicio, y le crucificó porque estaba de por medio el misterio. Verdaderamente esto era en parte propio de Cristo y en parte algo también humano, para que los jueces inicuos vieran que no es que no hubiera podido defenderse, sino que no había querido.

98. La razón del silencio del Señor la dio El mismo más adelante, diciendo: Si os lo digo, no me creeréis y, si os preguntare, no me responderéis, Lo más admirable es que El puso más interés en aprobar que era Rey que en afirmarlo con palabras, para que quienes confesaban eso mismo de los que le acusaban, no pu-diesen tener motivo para condenarle.

99. Ante Herodes, que deseaba ver de El algún portento, calló no dijo nada, fue porque su crueldad no merecía ver las cosas divinas, y así el Señor confundía su vanidad. Tal vez Herodes sea el prototipo de todos los impíos, los cuales, si no creen en la Ley y en los Profetas, no pueden, ciertamente, ver las obras de Cristo que se encuentran narradas en el Evangelio.

100. Después es enviado a Herodes y de nuevo devuelto a Pilato. Aunque ninguno de los dos lo declaran culpable, sin em­bargo, ambos secundan los deseos de la crueldad ajena. Es cierto que Pilato se lavó las manos, pero no lavó su conducta; ya que, siendo juez, no debió haber cedido ni ante la envidia ni ante el miedo, de manera que debía haber salvado la sangre inocente. Su misma esposa le avisaba, la gracia brillaba en la noche, la di­vinidad se imponía; pero ni aun así se abstuvo de una sacrílega entrega.

101. También me parece ver en él una figura anticipada de todos aquellos jueces que habrían de condenar a aquellos que juzgaron inocentes. Y esa persona unida a Pilato nos muestra que los gentiles son mucho más dignos de perdón que los judíos y pueden ser atraídos a la fe mucho más fácilmente por las obras divinas. Porque ¿cómo podrán serlo aquellos que crucificaron al Dios de toda majestad?

102. Verdaderamente es justo que quienes reclamaban la muerte del inocente, pidiesen la absolución del homicida. Estas son las leyes de la iniquidad: odiar la inocencia y amar el crimen. En este pasaje, la interpretación del nombre nos diseña una figura, ya que el nombre de Barrabás, en latín, quiere decir “hijo de padre”. Y aquellos de quienes se dice: Vosotros tenéis por padre el diablo (Io 8,44) son denunciados como gente que da más importancia al hijo de su padre, es decir, al anticristo, que al Hi­jo de Dios.

103. Y habíendole puesto una vestidura blanca, se lo devol­vió. No sin razón Herodes le cubrió con una vestidura blanca, para significar que su pasión no tiene mancha alguna; y es que el Cordero de Dios inmaculado había tomado gloriosamente sobre sí los pecados del mundo. También en Herodes y Pilato, los cua­les, por medio de Jesús, se hicieron amigos de enemigos que eran, se puede ver una figura del pueblo israelita y del pueblo gentil, ya que, por medio de la pasión del Señor, ambos llegarían a una concordia, aunque en el siguiente orden: primero el pueblo gentil recibiría la palabra de Dios, y después, por medio de la entrega devota a esa fe, la trasmitiría al pueblo judío, para que también éstos tengan la posibilidad de revestir, con la gloria de su majestad, el cuerpo de ese mismo Cristo al que antes despre­ciaron.

104. Después los soldados le pusieron un manto rojo y una túnica de púrpura, la primera como un símbolo de victoria de los mártires, y la otra como una insignia de su majestad regia, y todo porque su carne debía recoger, para nuestro bien, la sangre derramada por toda la tierra y su pasión debía hacer nacer en nosotros a su reino.

105. En cuanto a la corona de espinas puesta en su cabeza, ¿qué otra cosa nos va a querer mostrar que el don de la acción divina, al devolver a Dios la gloria del triunfo, es decir, a esos pecadores del mundo, que son como las espinas de este siglo? Aun los azotes tienen su significado, ya que fue flagelado El para que no lo fuéremos nosotros, pues este hombre herido y que sabe sopor­tar las enfermedades sufre por nosotros (Is 53,3ss), apartando los azotes de nosotros, que antes huíamos de Dios, el cual es un Señor tan paciente, que llega a ofrecer sus propias manos a las cade­nas y su cuerpo a los látigos de los fugitivos (1). Y así, los judíos, aunque con una disposición de ánimo detestable, presagian un éxito glorioso, ya que, mientras le están hiriendo, le coronan, y, burlándose de El, lo adoran. Y si bien no creen de corazón, con todo, rinden homenaje al que dan muerte. Es cierto que no tenían intención de hacer una buena acción, sin embargo, no le faltó a Dios su honor, ya que fue saludado como rey, coronado como ven­cedor y adorado como Dios y Señor.

106. Además, según Mateo, su mano llevaba cogida una caña con el fin de que la debilidad humana ya no fuese más agitada por el viento como si fuera una caña (Lc 7,24), sino que, enraizada en las obras (2) de Cristo, tuviese una base in­conmovible, y, una vez clavado en la cruz (Col 2,14) todo aquello que antes nos era enemigo, cese de tener valor la antigua senten­cia ; según Marcos, con esa caña le hieren su cabeza, con lo cual se nos indica que nuestra naturaleza, fortificada por el contacto con la divinidad (3), no puede ya jamás irse de un lado para otro.

107. Pero es ya tiempo de que el Vencedor levante su trofeo, porque, ya sea Simón o El mismo quien la llevase, es trofeo. Toma, en verdad, la cruz sobre sus hombros como un Cristo quien la ha llevado en el hombre y el hombre quien la llevó en Cristo. Y no pueden estar discordantes las sentencias de los evangelistas cuando está concorde el misterio; también es cierto que éste es el orden que sigue nuestro progreso: primero El levanta el trofeo de su cruz y después se lo entrega a los már­tires para que, a su vez, lo levanten ellos. Quien lleva la cruz no es un judío, sino un extranjero y peregrino, y otro detalle es que no le precede, sino que lo sigue, según lo que está escrito: To­ma tu cruz y sígueme (Lc 9,23). En realidad, Cristo no subió a su cruz, sino a la nuestra. El no murió según su divinidad, sino según su humanidad. Por eso El mismo dijo: Dios mío, Dios mío, mírame! ¿Por qué me has abandonado?

108. Con hermosa intención, al subir a la cruz, se despojó de sus vestiduras reales, para que comprendas que El no padeció en cuanto Dios Rey, sino en cuanto hombre, y aunque en Cristo estaban ambas realidades, sin embargo, fue clavada en la cruz su humanidad y no su divinidad. Los soldados, no los judíos, son los que saben bien en qué tiempo convienen esos vestidos a Cristo. Al juicio compareció como un vencedor, y se acercó al suplicio como un reo humillado.

Notas:

(1) Se puede ver aquí una doble alusión: a nuestros primeros padres, que se esconden de Dios después de su falta; o a los esclavos tránsfugas que se vengan de su señor.

(2) Las obras de Cristo están figuradas por sus manos, entre las cuales está colocada la caña.

(3) La caña de nuestra naturaleza ha sido puesta en contacto con Dios que es «la cabeza de Cristo» (cf. 1 Cor 11,3; más abajo n.115).

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El fin de Judas

San Mateo 27,3-10.

93. No cabe la menor duda de que las lágrimas de Pedro eran de las derramadas como fruto de un corazón afectuoso; el traidor no tenía ni idea remota de ese llanto que lograba borrar la culpa, antes, por el contrario, el tormento de su conciencia le hacía con­fesar su sacrilegio, para que, mientras el reo se condena por su propio juicio y expía la falta con un suplicio voluntario, se mani­fieste la piedad del Señor, que no quiere vengarse por su propia mano, y su divinidad, que pregunta a su conciencia por medio de su poder invisible.

94. He pecado —dijo— entregando la sangre del justo. Y aunque la penitencia del traidor es ya vana, puesto que pecó con­tra el Espíritu Santo, con todo, existe algún atenuante en el cri­men al reconocer la culpa. Y aunque no resulta perdonado, sin embargo, comprende el cinismo de los judíos, los cuales, a pesar de ser acusados por la confesión del traidor, no obstante se arrogan los derechos del criminal contrato y se creen exentos de culpa, diciendo:¿qué nos importa a nosotros; allá tú. Verdaderamente son insensatos al creerse libres y no cómplices del crimen del traidor. En las cuestiones meramente pecuniarias, una vez resarcido el precio, cesa la obligación; así ellos, tan pronto recibieron el precio, llevan a término el sacrilegio, e impulsados por sus malos constantes deseos, toman como cosa suya la funesta venta de sangre, mientras pagan al vendedor el precio de su sacrilegio.

95. Evidentemente, pues, cuando este precio de sangre es colocado en lugar aparte en el tesoro sagrado de los judíos y con el dinero que fue vendido Cristo se compra el campo del alfarero; cuando este lugar es destinado para que sirva de cementerio a los extranjeros, el oráculo profético se cumple claramente y se revela el misterio de la Iglesia naciente. El campo éste figura, según la palabra divina, a todo el mundo (Mt 13,38); el alfarero representa a Aquel que nos formó del barro y del que lees en el Antiguo Testamento: Dios hizo al hombre del barro de la tierra (Gen 2,7), consevando, a voluntad, el poder no sólo de formarlo por la naturaleza, sino también el de reformarlo por la gracia. Porque, aunque caigamos, dominados por nuestros propios vicios, sin embargo, su misericordia nos devuelve el espíritu y el alma, según las palabras de Jeremías (18,2ss) y nos reforma.

96. Además, el precio de la sangre es el precio de la pasión del Señor. Y así, con el precio de su sangre, compró Cristo al mundo, ya que vino para que el mundo fuese salvado por El (Io 3,17), el cual es no sólo obra suya, sino también es algo que le corresponde por derecho. En otras palabras, vino para conser­var para la gracia de la eternidad a todos los que, por el bautis­mo, están consepultados y muertos con Cristo (Rom 6,4.8; Col 2,12). Pero no todos tienen indistintamente un mismo lugar para su sepultura, ya que, aunque el mundo admite a todos los hom­bres, no a todos conserva. Si bien hay un lugar común donde todos habitan, sin embargo, la sepultura es verdaderamente legítima sólo para aquellos que, gracias a la fe, son actualmente de la casa de Dios (Eph 2,19), aunque hubieren estado antes pere­grinando bajo la Ley. Y ¿quiénes son éstos, sino aquellos de quienes se dice: Acordaos de que en otro tiempo fuisteis gentiles y extranjeros, según la carne, de la sociedad de Israel y extraños en la alianza de la promesa? (Eph 2,11ss). Pero éstos ya no son extranjeros ni peregrinos, puesto que han merecido ser compañeros de los santos por derecho de la fe.
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